— ¡Qué alegría veros! Pasad, pasad, que el apartamento ya está listo. — ¡Gracias, Ana! ¿De dónde sois? — Yo soy de Sevilla, pero ahora vivo aquí. Y Carlos, de Barcelona. — ¡Qué bien! Yo soy de Salamanca. ¡Id al salón, que ya está puesta la mesa! — ¡Venid a probar las croquetas de jamón! Las hice esta mañana. — ¡Qué rico! Probé una en un bar ayer, pero estas están mucho mejor. — ¿Queréis más vino? Traje una botella del Ribera del Duero que compré ayer. — ¡Sí, por favor! Yo hice una paella el fin de semana pasado y aprendí a hacerla bien. — ¡Qué suerte! Yo no sé cocinar nada complicado. ¿Me enseñáis la receta? — ¡Claro que sí! Primero freís el ajo y la cebolla, luego añadís el arroz y el caldo. — ¡Vamos a probar! ¿Qué hay de postre? ¿Flan de huevo? — ¡Sí, y también tengo turrón! Lo compré en la confitería de la esquina. — ¡Qué cena tan perfecta! ¿Nos tomamos un café de digestión?